Convocados por la Facultad de Matemáticas en el Colegio Peninsular Rogers Hall, estudiantes de primaria y secundaria de siete municipios se dieron cita para una jornada de alta exigencia académica.
Hay una cadencia particular en una sala llena de lápices que se mueven al unísono sobre hojas en blanco. No es el ruido habitual de un patio escolar ni el murmullo disperso de un cambio de clase; es el sonido denso, continuo y eléctrico del pensamiento analítico puesto a prueba. En las instalaciones del Colegio Peninsular Rogers Hall, la mañana del 26 de marzo de 2026 adquirió esa vibración única. Cientos de miradas fijas en problemas de lógica, geometría y aritmética trazaron el mapa de una jornada dedicada por entero a las ciencias exactas.
La convocatoria, estructurada y supervisada por la Facultad de Matemáticas, congregó a un total de 692 participantes pertenecientes a los niveles de educación básica. Divididos entre primaria y secundaria, los alumnos llegaron con un objetivo compartido: descifrar retos complejos diseñados no para premiar la simple memorización, sino para medir la capacidad deductiva, la creatividad en la resolución de problemas y la solidez conceptual en el terreno más puro del razonamiento.
Desde las primeras horas, el movimiento en los pasillos del recinto sede reflejaba la magnitud de la prueba. Delegaciones escolares, padres de familia y asesores académicos acompañaron a los jóvenes hasta los accesos designados, donde la logística institucional canalizó con precisión milimétrica el ingreso de cada bloque evaluatorio. La atmósfera combinaba la solemnidad propia de una competencia de alcance nacional con la frescura natural de las infancias y juventudes que encuentran en los números un lenguaje fascinante.
La Facultad de Matemáticas convocó a 692 participantes de primaria y secundaria para una evaluación académica con sede en el Colegio Peninsular Rogers Hall.
El alcance de esta edición trascendió con creces los límites de la capital yucateca. Si bien Mérida aportó un contingente considerable, el verdadero pulso del certamen radicó en la diversidad geográfica de sus participantes. Las aulas del Colegio Peninsular Rogers Hall recibieron a delegaciones provenientes de seis demarcaciones clave del interior: Hunucmá, Izamal, Motul, Ticul, Tizimín y Valladolid.
Esa confluencia territorial convirtió los salones de examen en un punto de encuentro para realidades escolares diversas, unificadas bajo el mismo estándar de exigencia. Cada contingente municipal representó el fruto de semanas previas de preparación en sus respectivas escuelas primarias y secundarias, donde docentes y estudiantes dedicaron jornadas extracurriculares a perfeccionar métodos de demostración, álgebra inicial y planteamientos analíticos.
El despliegue de estudiantes procedentes del oriente como Tizimín y Valladolid, de las zonas del centro y poniente como Izamal, Motul y Hunucmá, así como del sur con Ticul, confirmó la descentralización del interés por las ciencias exactas. La evaluación no sólo funcionó como un filtro competitivo, sino como una radiografía nítida del semillero formativo que se consolida a lo largo y ancho de la entidad.
El certamen reunió a estudiantes procedentes de Mérida, Hunucmá, Izamal, Motul, Ticul, Tizimín y Valladolid en una misma sede de evaluación.
El diseño de las pruebas administradas durante la jornada respondió a los lineamientos que caracterizan a las evaluaciones de la Facultad de Matemáticas. Lejos de formular cuestionarios mecánicos basados en operaciones reiterativas, los reactivos plantearon situaciones problemáticas que exigían la construcción de hipótesis, el reconocimiento de patrones numéricos y la justificación lógica de cada respuesta asentada en el papel.
Para el sector de primaria, los desafíos integraron un balance entre intuición espacial, proporcionalidad y retos de lógica formal adaptados a su nivel formativo. En el bloque de secundaria, la complejidad escaló hacia estructuras algebraicas, combinatoria básica y teoremas geométricos que pusieron a prueba la madurez analítica de los aspirantes. El tiempo de resolución obligó a una administración rigurosa de cada minuto, exigiendo máxima concentración en cada mesa de trabajo.
La presencia activa de los evaluadores y el personal académico garantizó la transparencia y el orden del proceso. Cada cuadernillo entregado, cada hoja de respuestas foliada y cada protocolo de supervisión reforzaron el carácter estricto de la prueba. El desarrollo del evento reafirmó el papel de la educación básica como el pilar insustituible donde debe germinar la vocación científica antes de dar el salto a niveles superiores.
Conforme los relojes marcaron el término de los bloques asignados para la evaluación, los salones del Colegio Peninsular Rogers Hall fueron devolviendo a los cientos de participantes hacia las áreas comunes del plantel. En los rostros se leía el alivio del esfuerzo cumplido, pero también el debate inmediato entre compañeros: contrastar qué camino se tomó para llegar a una solución, discutir si un trazo geométrico alternativo era válido o compartir el asombro ante un problema de ingenio.
La jornada concluyó con el resguardo sistemático de las evaluaciones para su posterior revisión por parte del comité evaluador de la Facultad de Matemáticas. Los resultados determinarán las fases sucesivas de este proceso de detección de talento, consolidando un esquema que no solo premia el desempeño individual, sino que fortalece la cultura académica regional.
Reunir a casi setecientos estudiantes de siete municipios en un solo recinto para competir a través del intelecto es una muestra tangible del vigor que conservan las ciencias exactas en las aulas locales. En un entorno donde la tecnología redefine constantemente las habilidades requeridas para el futuro, la resolución metódica, el pensamiento abstracto y la disciplina matemática siguen siendo la herramienta fundamental de formación.